Filip Hrgovic es el nuevo campeón mundial de la Federación Internacional de Boxeo en el peso pesado, noqueando a Moses Itauma en Londres.
El salón se me viene encima mientras intento sacar de mi cabeza en forma de letras lo que acabo de volver a ver en la televisión. No suelo revisionar los combates, ni las veladas; me encanta exponer bajo las sensaciones vividas en el primer momento. Es como más natural; siento que sale todo. Puede haber fallos, pero es mi forma. Hoy hice una excepción. Horas después, el combate sigue siendo el mismo, pero veo detalles en los que no había caído en el momento, aunque la impresión general, en su mayor parte, era la misma.
Nos situamos en el O2 Arena de Londres con 20.000 butacas vendidas en una velada vivida con una alta expectación en la previa por los aficionados al boxeo mundial y, por supuesto, los británicos, a la espera de que su joven promesa entrara en la historia del pugilismo, siendo el 2.º púgil más joven en la historia en coronarse en el peso pesado, tan solo detrás de Mike Tyson. El otro día repasé algunos de los momentos más importantes de su vida. Qué caprichoso es el destino. Y qué tremenda explosividad maneja Moses sobre el ring. Quizás esa fue su tumba anoche. Ahora me explico.
Saltándome deliberadamente, y por aburrimiento, la crítica a la situación actual de los PPV de DAZN. Tendrían que haber metido algún combate importante más. Creo yo. Por cierto, descubrí a un chico que boxea de fantasía: Constantin Ursu. Y el coestelar, Noakes vs. Berinchyk, tampoco deslumbró. Típico combate de ascensor, por feo que suene, aunque del ucraniano se pueden aprender cosas siempre, tenga la edad y la forma que tenga.
Comenzaba el combate estelar de la noche londinense y yo sentía una especie de calma en el público. Parecía que habían ido a ver la consagración ya escrita de su chico. Sí, como lo oyen o como lo leen. Un país en donde el boxeo es religión también puede fiarse de más, llegado el momento. La pasión del aficionado inglés es notable y ayer no la sentí desde la pantalla, como otras noches.
Itauma no es un producto excesivamente publicitado; lo que tiene se lo ha ganado con creces. Pero aquí entra una de las claves más importantes, a mi parecer: ¿se puede confiar a ciegas en alguien que no has visto navegar en las profundidades? A veces sí, a veces no. Ayer era un día de confiar, porque el aficionado al boxeo tiene ganas de jóvenes talentos que tiren la puerta abajo. Pero si caen en la primera prueba de fuego, no los critiques, ni los juzgues, ni busques excusas; simplemente confiaste a ciegas, perdiendo de vista al rival. Ojo, con esto no digo que Moses Itauma no tenía opciones, nada más lejos de la realidad. Ganó todos los asaltos menos el último y definitivo. De lo que hablo es de que hay sorpresas que no son tan exageradas como parecen, porque no teníamos las referencias como para dar un 100% hacia un lado y un 0% hacia el otro.
Dicho esto, yo soy otro sorprendido, como el que más. Durante el combate, la explosividad que mencioné al principio del artículo fue una losa para Hrgovic y posiblemente la tumba para Moses Itauma. Creo que en un combate de pesos pesados, lanzar todos tus golpes y ejecutar tus movimientos con la mayor velocidad y potencia que posees es una virtud que puede llegar a ser una trampa con el paso de los asaltos, sobre todo si tu rival aguanta como un auténtico muro tus golpes. Es muy fácil hablar a toro pasado, lo sé.

Sentía que el británico se estaba llevando los asaltos y proporcionando a su público un gran espectáculo con sus mejores acciones de siempre. Doblando el jab con el crochet y trabajando mucho al cuerpo, amagando y entrando de forma letal. El croata ya no sabía por dónde le venía la lluvia torrencial de manos, pero el tipo seguía paciente esperando su momento. No tiene esa contracción de golpeo, pero maneja bien la distancia cuando se pone a trabajar con sus manos rectas e incomoda mucho a sus rivales. Itauma no dejaba envalentonarse a Hrgovic por nada del mundo, y esa fue su otra tumba. La falta de experiencia le fue lastrando, porque el orgullo en boxeo es perjudicial; si tu rival te conecta, y tú, a pesar de sentirte ya muy fatigado, intentas dar el último golpe en cada acción, entonces no te estás dosificando como se debe. En el octavo episodio, Itauma hizo lo que expuse anteriormente, golpear cambiando las alturas y manejar el centro del ring, pero con más energía aún, vio opciones de KO y se lanzó. ¿Qué ocurrió? Que el croata ya había aguantado los mejores golpes de Itauma en los primeros asaltos, con lo cual, el aluvión tremendo de un Itauma más fatigado en este asalto, lo asumió y hasta contestó con potencia en los últimos segundos. Algo hablaron en la esquina de Hrgovic, o él mismo se dio cuenta en el final del asalto anterior, que salió al noveno a terminar con Itauma. ¡Fijaos! Itauma y todos los aficionados vimos el KO en el octavo a su favor y el que sale en el siguiente asalto a noquear es Hrgovic.
Lo que es el boxeo, señoras y señores… una auténtica guerra de cuerpo y mente que se hace eterna para los protagonistas. Fue en ese noveno asalto cuando Moses Itauma comenzó a caminar de forma muy rara; parecía mareado, tenía una falta tremenda del control de sus piernas y, con las manos abajo, se limitaba a seguir intentando contestar las arremetidas del croata, pero sin ningún tipo de control ni de base física de su cuerpo. Un peligro total. Ben Davison, su entrenador, tiraba la toalla ante el peligro vital de su boxeador.

Fue un combate muy emocionante, esa es la verdad. El mayor golpe que recibió el púgil local fue la fatiga; se desfondó después de ganar ocho asaltos seguidos. Pocas veces tenemos la ocasión de ver situaciones así. Pero es la enésima vez que un boxeador experimentado saca a relucir su saber estar y su inteligencia para esperar su momento y salir con la mano en alto.