Por Carlos Fernández. 25-11-2025 Noche de Boxeo.
Ya han pasado unos días desde que acabara el gran evento The Ring IV, y con el final de esta magnífica velada en Riyadh llega el momento de desmenuzar el gran sabor de boca que nos dejó.
Supongo que con el paso de los años, Arabia Saudí se irá convirtiendo en una especie de meca de los grandes combates. Igual que los casinos de Las Vegas, todo depende de la constancia de Turki Alalshikh con esta pasión por el noble arte que Dios le ha dado. La única garantía es que recordaremos esta época como la de la incursión saudita en el pugilismo. Dicha incursión ha facilitado el advenimiento de combates unificatorios entre los mejores del mundo. Sabemos de sobra, que no es fácil convencer a dos equipos, a dos promotores, a dos entrenadores y a dos púgiles de aceptar unas condiciones determinadas para meterse en un ring con su mayor reto posible. No debería ser difícil, pero lo es, son muchos los acuerdos por cerrar y cada uno mira por buscar su mayor beneficio propio.
El pasado sábado se celebró en Riyadh una nueva velada con algunos de los mejores boxeadores del mundo. La misma noche sobre el ring pudimos disfrutar de las victorias de David Benavídez, Devin Haney, Jesse «Bam» Rodríguez o de nuevos talentos como Abdullah Mason. Cuatro combates con título mundial en juego.
El primero campeonato del mundo de la noche nos dejó una guerra para el recuerdo. Es de esos combates que estoy seguro revisionaré con el paso de los años. Tampoco me cabe duda alguna de que todo experto y amante del boxeo echará la vista atrás para ver este combate cuando ambos púgiles estén en lo más alto, para recordar como empezó todo. Abdullah Mason es la ciencia pugilística aplicada a la velocidad de la luz, un cirujano con dos bisturís y sin anestesia general. Sam Noakes aguantó las acometidas precisas de su oponente y cuando este frenaba un poco en sus malas intenciones, contragolpeaba con rabia y dureza. Abdullah no podía permitirse un despiste porque podía despertar en el vestuario, aun así, el americano era ampliamente superior técnicamente y se llevó la victoria en doce asaltos de puro fuego. Honor a ambos. Abdullah Mason, a sus 21 años, logra el campeonato del mundo del peso ligero (WBO). Sam Noakes volverá, no tengo dudas de ello.

El segundo plato fuerte corría a cargo de Jesse «Bam» Rodríguez, el mayor talento de los pesos bajos y el campeón mundial argentino, Fernando «Puma» Martínez. ¡Maldita exhibición! Este combate fue un abuso técnico, táctico y moral. El texano, Jesse Rodríguez es un talento generacional, de esos que nacen uno cada diez años. Busques por donde busques, en cualquier aspecto boxístico se mostró muy superior. Al argentino solo le quedaba empujar hacia adelante, intentando cazar al texano, pero el cuerpo tiene un límite y el «Puma» había llegado al suyo. El castigo físico al que se estaba viendo sometido, con esos cambios de ángulos y golpeo de todas las trayectorias del bueno de «Bam» Rodríguez, no hacían más que frenar el ímpetu del argentino que se vio sometido y rendido, hasta la estocada final, que tuvo lugar en el décimo asalto tras una maravillosa esquiva. La ejecución final fue arte vestido con las luces de Riyadh y la incisiva mano izquierda de Jesse Rodríguez, que dio en el punto exacto. De esta forma unificaba tres coronas mundiales del peso supermosca (WBC, WBA y WBO). Sólo le falta el cinturón de la Federación Internacional (IBF), en posesión del mexicano Willibaldo Garcia Pérez. Aunque Jesse Rodríguez es el número uno indiscutible.

Vamos a por el coestelar, Devin Haney subía al peso welter, para intentar ser campeón mundial en una tercera categoría de peso. El campeón de la Organización Mundial de Boxeo (WBO), Brian Norman Jr, lo ponía en juego ante su compatriota. Norman Jr, es un joven de 25 años que llegaba al pleito con un record de 28-0 y 22 Ko. Fue ascendido a campeón después de que Terence Crawford abandonara la categoría.
Devin Haney es un púgil con unas habilidades incuestionables, pero con un estilo a veces reservón, si te puede ganar por la mínima, te gana por la mínima, y eso es lo que ocurrió el pasado sábado en el ANB Arena de Riyadh. En la media distancia, la velocidad de Haney predominaba, tanto es así, que hasta le cazó en un crucé y lo mandó a la lona en segundo asalto, para sorpresa de todos los presentes. Puede pasar. El pegador letal era el campeón, pero esto es el boxeo. La famosa frase «La precisión vence a la fuerza» es un hecho en combates de este tipo. Pero, cuando digo que Haney es reservón, es por algo, el único ser humano presente en el recinto que no se fiaba nada de la debilidad ofrecida por su rival en el segundo asalto era Haney. Salió al tercer episodio como si nada hubiese pasado, se limitó a ganar los asaltos con el menor de los esfuerzos, eso sumado a la constante duda que tenía el campeón, Norman Jr, valió para coronar a Devin Haney como nuevo campeón mundial del peso welter (WBO), y a la vez, para deleitarnos con el peor combate de la noche.

Quedaba el plato fuerte, David Benavídez subía al entarimado con un nuevo objetivo a la vista, Anthony Yarde. Probablemente, Benavídez sea el mejor boxeador posible con menos aspecto de boxeador que puedas imaginar. Un cuerpo nada marcado, pero rápido como una centella, un tipo que da en la báscula 79 kg y que sube al ring con al menos nueve o diez kilogramos más. Desgarbado, 1,89 cm de altura, todo eso sólo son datos, números, estadísticas vacías, al lado del temor que causa este púgil de padre mexicano y madre ecuatoriana. Yarde comenzó como comienzan todos los rivales de Benavídez, jugando a intentar ser más veloz de manos y desplazándose para no ser un blanco fijo, pero el Bandera Roja te va achicando el ring hasta que no te queda más remedio que intercambiar y en eso había años luz entre ambos. Para el ecuador del combate ya tenía al inglés bastante mermado físicamente, sólo el alma de querer ser campeón le mantenía en pie, pero era cuestión de minutos la rendición final. En el séptimo asalto visitó la lona, tras una combinación eterna de ganchos y crochets a placer, de Benavídez. El referee le quitó dos puntos al americano, tras golpear a Yarde ya caído en la lona. Aunque para nada sirvió, continuó castigando el cuerpo del británico para posteriormente acometer sus ráfagas de golpes al rostro y provocar la parada arbitral. David Benavídez es el monstruo que todos estábamos esperando. Nos vamos a divertir mucho con los grandes combates que se le avecinan.
Retenía así su título mundial semipesado del Consejo (WBC), tras la renuncia de Bivol a dicho título. El campeón interino es ascendido a campeón en los despachos, algo que no me gusta nada, pero es lo que hay. Benavídez es un peligro público y un merecido campeón.

Esto ha sido todo desde Riyadh, esperamos con ansias el cierre de año tan brutal que nos espera, también desde Arabia. Firmo sin pensar «Las mil y una noches de Riyadh».