Por Carlos Fernández. 30-11-2025 Noche de Boxeo.
El Hotel Meliá Internacional de Varadero volvió a vestirse de gala. Esta vez, con uno de esos carteles que no se veían en la isla desde hace décadas: peleas profesionales, campeonatos continentales en juego y buena parte de la nueva generación cubana pisando el ring. Una noche cargada de expectativas, nostalgia y, sobre todo, boxeo con sabor caribeño.
La noche estelar: Erislandy Álvarez retiene su faja latinoamericana
El protagonista de la velada fue Erislandy Álvarez, ex medalla de oro olímpica en París 2024, que defendía su cinturón continental (superligero, 63,5 kg) ante el mexicano Rogelio Jiménez. El combate respondió a las expectativas: intercambios medidos, técnica, paciencia… y un desenlace que confirmó el dominio del cubano. Después de asaltos iniciales de tanteo, Álvarez logró imponer su ritmo, conectar con claridad y buscar el camino hacia la victoria. El resultado no dejó dudas: victoria del isleño, que sigue invicto como profesional.
Fue un triunfo que vale más allá del cinturón: representa el empuje de una nueva camada que —tras décadas de boxeo aficionado obligatorio— empieza a reclamar su espacio en el pugilismo profesional.

El resto del cartel: dominio cubano, talento joven y títulos para reafirmar
La velada incluyó varias defensas y combates con sabor a futuro:
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Lázaro Álvarez, otro de los grandes nombres del boxeo cubano, volvió a subir al ring para defender su título continental de América en 61,3 kg. Mostró pegada, oficio y sacó la victoria. Nuevas caras hicieron su debut profesional: mezcla de juventud con hambre de éxito, auguran que Varadero podría transformarse en un semillero de talentos.
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La velada, en general, confirmó que el boxeo cubano se reinventa: cinturones en juego, estructura profesional, público expectante y atletas con proyección. El ring dejó claro que Cuba quiere y puede volver a brillar en el pugilismo rentado.
- La noche en Varadero confirmó lo que muchos sospechaban: Moussa Gholam no está de paso, está construyendo su camino con determinación. Un KO en el segundo asalto, un cinturón defendido, y el ring como testigo de que su nombre empieza a sonar con eco serio en el superpluma mundial. Para él no fue una velada más: fue una declaración de intenciones. A pesar del cambio de rival, a última hora, que al final fue el argentino Nicolás Nahuel Botelli.
Anoche en Varadero no fue solo una función más: fue un símbolo de renovación. Mientras Erislandy y Lázaro mantenían cinturones, jóvenes púgiles daban sus primeros pasos; y el boxeo profesional, algo casi olvidado en la isla durante décadas, recuperaba pulso.
La combinación de veteranía, técnica, juventud y expectativas convierte esta “Cuban Boxing Night” en un antes y un después. Para los amantes del ring, el mensaje es claro: Cuba vuelve al mapa — y lo hace con hambre, talento… y muchas ganas de gloria.