Carlos Fernández -Noche de Boxeo
Si hay algo que no pasa de moda, son las veladas de Las Vegas. Aunque no todas ameritan trasnochar aquí en España. Ayer me terminé acostando y dejando para hace unas horas el visionado del combate estelar. También hubo material en el resto de la cartelera, aunque no sé si para pagar un PPV.
No.
Gary Antonio Russell, continuando con la saga familiar, anoche disputaba un título interino de la WBA del peso supergallo ante el dominicano Víctor Santillán. Sus otros dos hermanos sí han logrado ser campeones del mundo. Para mí, el interino no llega a contar. Venció.
El T-Mobile Arena empezaba a llenarse. Una particularidad de los estadounidenses es esa. El recinto medio vacío hasta que el combate estelar no se acerca. Pues eso, ya teníamos una vista espectacular de la arena donde Teófimo iba a buscar coronarse campeón mundial en tres divisiones de peso y Rolly realizar con éxito su primera defensa mundialista en el peso welter.
Dos colegas de sparring que se conocen más que bien puede ser contraproducente, porque aunque se tengan muchas ganas, saben qué tecla tocar para anular las virtudes de su oponente. Qué poco me gusta la esquina de Teófimo. No es una frase gratuita de un escritor frustrado en su revista digital. Es que el señor Teófimo usa la motivación y los gestos exagerados como principal característica en sus minutos entre rounds. No me gusta. Cuando su hijo no encuentra el cambio necesario para voltear la táctica e inercia del rival, él solo hace aspavientos.
Anoche su hijo necesitaba ese toque de esquina tan necesario y tan visible en el caso de los grandes entrenadores. Rolly Romero estaba jugando mentalmente con Teófimo, usando el estilo que más le incomoda. El estilo con el que Sandor Martín le hizo ver un boxeador del montón durante diez asaltos y Shakur lo remató con una calidad de estrella histórica.
Si Rolly continuaba eludiendo y sorprendiendo de vez en cuando a su rival, el combate acabaría para Teófimo. En el quinto episodio le provocó un corte en la ceja derecha debido a esos jabs con los que le recibía, a veces rectos, a veces en forma de swing. En ese mismo asalto casi lo sienta de un derechazo. Se le veía muy maltrecho al púgil de origen hondureño. Rolly cerró el asalto con una hondonada de golpes
Es aquí cuando digo que necesitaba un cambio de plan; estaba errando muchos golpes y se empezaba a frustrar. Pues muy poco a poco fue modificando eso mediante el ataque al cuerpo de un Rolly que a cada asalto que pasaba iba perdiendo el efecto sorpresa de sus contestaciones y sobre todo la continuidad. Atacaba menos y peor. Un Teófimo bañado en sangre se iba encontrando con su estilo eléctrico y su boxeo alegre. Veía que los asaltos caían a favor suya y eso te va aliviando tensión y la frustración desaparece.
Un mérito enorme. Estaba escaso de ideas, sangrando y frustrado, y aun así, supo no volverse loco e intentar trabajar cada asalto de principio a fin sin ponerse excusas.
Aquí también echamos en falta una actitud de Rolly que no tuvimos. Se conformó y así le pasó. Los jueces dieron una decisión mayoritaria en favor de Teófimo López (114-114; 115-113; 116-112), que logra coronarse en su tercera división de peso. Después de serlo en el peso ligero y superligero, ahora en el welter.
Fue un combate menos emocionante de lo esperado, muy táctico, pero con momentos de drama, como no podría ser menos en un mundial welter.